Joder.
No me acostumbro a esta Jefatura.
Llevo cuatro meses aquí -en La Coruña- y aún
estoy incómodo, fuera de sitio. Me dicen algunos colegas que siempre tengo cara
de "enfado constante"; cara de culo. No es verdad: es que aún no he encontrado mi sitio. Pero
no me importa; que un comisario tenga cara de perro no está de más; puede
ser muy útil.
Lo que me falta es una hembra.
No.
No volveré a pasar por ello.
Aún está muy fresca la herida del último
desengaño. No me volveré a enamorar…
…¿Quién es ésta? ¡Qué tetas tiene! Tranquilo, Casteleiro,
no te pierdas. Sé un profesional.
-“¿Puedes
venir a verme ahora?”
No esperé a oír
qué me contestaba. Cuando entró en el despacho le planteé rápidamente el trabajo. Un sucio
asunto de agresión sexual. Tratar con ella algo así me rebajó la libido. Mejor.
La eché.
He oído
hablar de ella. Las malas lenguas bullen en esta Jefatura: son unas porteras.
Que si se lió con éste…, que si es muy buena haciendo aquello…
Me da igual. Está
muy buena; pero ahora yo no tengo humor para acercarme a otra mujer.
Aún no.
Pero, cuando
se marcha del despacho, le miro el hermoso culo con delectación.
Tranquilo, Casteleiro.
Tranquilo, Casteleiro.
Cómo son los hombres...
ResponderEliminarSí...
Muy afectado por sus historias anteriores, pero le mira el escote y el culo.
No tienen arreglo.