en el preciso momento que sacaba las llaves del bolso, se abrió la puerta del ascensor. La luz del aparato elevador iluminó la escena. Bendita la luz, bendita la hora que nos hizo estar allí. Lo primero que percibí fue su olor. Me quedé quieta. Él me sonrió y ...
Ya podía sonreír, cuando su penetrante olor apestaba hasta el ascensor. Supongo que escaparía en helicóptero, doña Chus.
ResponderEliminardonde está tu romanticismo?
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